Todavía no acierto a entender que en los tiempos que corren la Iglesia Católica a través de sus máximos representantes, se atreva a criticar el matrimonio entre homosexuales y lesbianas y sin embargo lleve décadas dando carpetazo a los continuos abusos sexuales que han sufrido muchos niños que han tenido la mala suerte de caer en sus manos a través de colegios e internados.
Que dejen de meterse donde no les llaman y arreglen sus asuntos, dando de una vez por todas el ejemplo que deberían dar aquellos que dicen ser “los representantes de Dios en la tierra” y nos dejen al resto de los humanos tranquilos y hacer no lo que nos da la gana, sino lo que por ley podemos o nos dejan hacer, siempre con el respeto hacia los demás, que estos saben dar mucha orden y consejo pero de respeto parece que saben poco.
Susana Alvarado

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